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El Papa propone a los jóvenes la contraseña del p. Hurtado: "¿Qué haría Cristo en mi lugar?"

maipu"Sean ustedes los jóvenes samaritanos que nunca abandonan a un hombre tirado en el camino... sean jóvenes cirineos", dijo el Papa a los jóvenes en un emotivo y multitudinario encuentro en la explanada del santuario nacional de Maipú.

Un ambiente que se ha caracterizado por la alegría y la espontaneidad esperó al Papa Francisco en la explanada del Santuario Nacional de Maipú, donde se realizó el "Encuentro con los Jóvenes". Las actividades habían comenzado mucho antes, ya que desde el mediodía hubo animación, lectura del Evangelio, oración, reflexión, video y actos artísticos. Incluso, en el programa se incluyó la presentación del himno oficial de la visita del Papa interpretado por Américo.

El Papa regresó a Santiago desde Temuco en una de las jornadas más intensas del programa en Chile, en el marco del 22° Viaje Apostólico internacional en que recorre ciudades de Chile y Perú. Desde el aeropuerto se trasladó con la comitiva y abordó el papamóvil a pocas cuadras de distancia.

La bienvenida al encuentro con los jóvenes, la dio Ariel Rojas, quien expresó que: "Su visita, querido Papa Francisco, nos viene muy bien, por tantas cosas que están ocurriendo en nuestro país y en nuestra vida eclesial. En primer lugar, agradecerle que haya hecho espacio en su apretada agenda para encontrarse con nosotros, el mundo juvenil, en especial en este tiempo previo al Sínodo de los Obispos, cuya temática somos nosotros...Usted lo ha mencionado muchas veces, los jóvenes deben ser los protagonistas del cambio, de una sociedad más justa, que se preocupe del débil, que aprecie el valor de la vida, que pueda gustar el amor de Dios en cada hermano y hermana, nacido en nuestro país o nacido en el otro extremo del mundo. Jóvenes que puedan denunciar la injusticia, y que se comprometan con un mundo mejor, con una alegría que no acaba, y que se renueva cada día, porque es Dios mismo quien riega la planta de la fe... En esta tarde, querido Papa Francisco, usted se encuentra sin duda en un Chile distinto al que recibió al Papa Juan Pablo II hace 30 años, pero estoy seguro de que hay algo que no ha cambiado, y eso es el cariño y afecto a Su Santidad, porque las chilenas y chilenos, jóvenes, niños, adultos y ancianos, reconocemos en usted un modelo de vida, un modelo de amor, un modelo de Cristo viviente".

En la ceremonia, el Papa recibió la Cruz de Chile.

Se leyó el evangelio de Juan que narra el llamado de Jesús a sus primeros discípulos.

Amar a la patria es amar a Jesús

En su discurso, el Papa dijo a los jóvenes que la Virgen del Carmen los acompaña para que sean los protagonistas del Chile que sus corazones sueñan. Al mismo tiempo, valoró la enorme capacidad de los jóvenes para movilizarse ante una catástrofe natural, "que habla de la generosidad de sus corazones"

"Si ustedes no aman a su patria, no les creo que lleguen a amar a Jesús", agregó. Y precisó que no cambiar "porque siempre fue así" es corrupción.

"¡Cuánto necesita la Iglesia chilena de ustedes, que nos «muevan el piso» y nos ayuden a estar más cerca de Jesús!"

Posteriormente citó versos de canción del grupo La Ley "Aquí": "El ruido ambiente y soledad de la ciudad nos aíslan de todo. El mundo que gira al revés pretende sumergirme en él ahogando mis ideas".

Haciendo una analogía con la conexión de los teléfonos móviles, manifestó: "Me preocupa cuando, al perder «señal», muchos sienten que no tienen nada que aportar y quedan como perdidos (...) Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie".

La contraseña del Padre Hurtado

En un diálogo de preguntas y respuestas siempre avivado con entusiasmo por los jóvenes, el Papa Francisco les reveló la contraseña del padre Alberto Hurtado y la compartió con los asistentes para que la anoten en sus teléfonos móviles: "¿Qué haría Cristo en mi lugar?"

Y agregó, evocando una escena de los Tres Chiflados, que la única manera de no olvidarse de una contraseña es usarla. "Llegará el momento en que la sabrán de memoria, y llegará el día en que, sin darse cuenta, su corazón latirá como el de Jesús".

"En medio del desierto, del camino, de la aventura, siempre habrá «conexión», existirá un «cargador». No estaremos solos. Siempre gozaremos de la compañía de Jesús, de su Madre y de una comunidad", enfatizó el Pontífice.

Y concluyó: ""Sean ustedes los jóvenes samaritanos que nunca abandonan a un hombre tirado en el camino... sean jóvenes cirineos que ayudan a Cristo a cargar la cruz".

- Discurso completo del Papa Francisco a los Jóvenes

Fuente: Prensa CECh - Comunicaciones #FranciscoenChile

"La misión de la UC hoy resulta profética", afirmó el Papa Francisco

papa ucEl Pontífice dijo que la universidad está interpelada a "generar procesos que iluminen la cultura actual, proponiendo un renovado humanismo que evite caer en todo tipo de reduccionismo (...) a buscar espacios recurrentes de diálogo más que de confrontación; espacios de encuentro más que de división".

Una visita a la Pontificia Universidad Católica de Chile para encontrarse con el mundo de la educación y la cultura, realizó el Papa Francisco en el marco del tercer día de su visita a nuestro país.

Participaron alrededor de tres mil invitados pertenecientes a las diversas áreas que componen la comunidad universitaria: académicos, funcionarios, administrativos y estudiantes, entre otros. La reunión con el Papa se realizó en el Centro de Extensión de la casa de estudios, en el centro de Santiago, y simultáneamente fue transmitida por circuito cerrado de televisión a otros tres recintos internos, el Salón Fresno, el Aula Magna y el exterior de la universidad.

Desafíos para la patria y la universidad

En su saludo al Santo Padre, el rector de la Universidad, Ignacio Sánchez, agradeció la visita a la casa de estudios.

"Tenemos importantes desafíos para nuestra patria, que dicen relación con la convivencia nacional y con la capacidad de avanzar en comunidad tras la búsqueda de lo que consideramos en esencia justo, bueno, bello y verdadero", destacó el rector.

Puso de relevancia la tarea universitaria en el cuidado del sentido de comunidad, en el cuidado de la casa común y en el cuidado de la vida, desde la fecundación hasta la muerte natural. "Acogemos de manera entusiasta su llamado a reavivar nuestra conciencia sobre la importancia de la familia como el núcleo principal de nuestra sociedad. En ella se enseña el valor de la vida, el respeto, el cuidado de los niños y también de las personas mayores", enfatizó la autoridad académica.

Por su parte, el Papa Francisco expresó su alegría por su visita a la universidad, que "en sus casi 130 años de vida, ha ofrecido un servicio inestimable al país". Junto con agradecer al Rector sus palabras de bienvenida, valoró su actitud de defender con coraje la identidad de la Universidad.

Recordó especialmente la figura de san Alberto Hurtado, en este año que se cumplen 100 años desde que comenzó sus estudios en la UC.

La gramática del diálogo

Afirmó el Pontífice que "el ritmo acelerado y la implantación casi vertiginosa de algunos procesos y cambios que se imponen en nuestras sociedades nos invitan de manera serena, pero sin demora, a una reflexión que no sea ingenua, utópica y menos aún voluntarista. Lo cual no significa frenar el desarrollo del conocimiento, sino hacer de la Universidad un espacio privilegiado «para practicar la gramática del diálogo que forma encuentro». Ya que «la verdadera sabiduría, [es] producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas»".

Añadió que la convivencia nacional es posible —entre otras cosas— en la medida en que generemos procesos educativos también transformadores, inclusivos y de convivencia. "Educar para la convivencia no es solamente adjuntar valores a la labor educativa, sino generar una dinámica de convivencia al interno del propio sistema educativo. No es tanto una cuestión de contenidos sino de enseñar a pensar y a razonar de manera integradora".

Para lograr esto es necesario, dijo el Pontífice, "desarrollar lo que llamaría una alfabetización integradora que sepa acompasar los procesos de transformación que se están produciendo en el seno de nuestras sociedades. Tal proceso de alfabetización exige trabajar de manera simultánea la integración de los diversos lenguajes que nos constituyen como personas. Es decir, una educación —alfabetización— que integre y armonice el intelecto —la cabeza—, los afectos —el corazón—, y la acción —las manos—. Esto brindará y posibilitará a los estudiantes un crecimiento no sólo armonioso a nivel personal sino, simultáneamente, a nivel social. Urge generar espacios donde la fragmentación no sea el esquema dominante, incluso del pensamiento; para ello es necesario enseñar a pensar lo que se siente y se hace; a sentir lo que se piensa y se hace; a hacer lo que se piensa y se siente. Un dinamismo de capacidades al servicio de la persona y de la sociedad".

Afirmó que en esta "sociedad líquida o ligera, como la han querido denominar algunos pensadores, van desapareciendo los puntos de referencia desde donde las personas pueden construirse individual y socialmente. Pareciera que hoy en día la «nube» es el nuevo punto de encuentro, que está marcado por la falta de estabilidad ya que todo se volatiliza y por lo tanto pierde consistencia".

En ese sentido, destacó que esta falta de consistencia podría ser una de las razones de la pérdida de conciencia del espacio público. "Un espacio que exige un mínimo de trascendencia sobre los intereses privados — vivir más y mejor— para construir sobre cimientos que revelen esa dimensión tan importante de nuestra vida como es el «nosotros». Sin esa conciencia, pero especialmente sin ese sentimiento y, por lo tanto, sin esa experiencia, es y será muy difícil construir la nación, y entonces parecería que lo único importante y válido es aquello que pertenece al individuo, y todo lo que queda fuera de esa jurisdicción se vuelve obsoleto. Una cultura así ha perdido la memoria, ha perdido los ligamentos que sostienen y posibilitan la vida. Sin el «nosotros» de un pueblo, de una familia, de una nación y, al mismo tiempo, sin el nosotros del futuro, de los hijos y del mañana; sin el nosotros de una ciudad que «me» trascienda y sea más rica que los intereses individuales, la vida será no sólo cada vez más fracturada sino más conflictiva y violenta".

Un segundo elemento para esta casa de estudios, dijo el Papa, es la capacidad de avanzar en comunidad. Valoró la vitalidad de su Pastoral Universitaria, signo de una Iglesia joven, viva y «en salida». Añadió que la cultura actual exige nuevas formas capaces de incluir a todos los actores que conforman el hecho social y, por lo tanto, educativo. "De ahí la importancia de ampliar el concepto de comunidad educativa", subrayó.

Comunidad desafiada a no quedarse aislada

"Esta comunidad está desafiada a no quedarse aislada de los modos de conocer; así como tampoco a construir conocimiento al margen de los destinatarios de los mismos. Es necesario que la adquisición de conocimiento sepa generar una interacción entre el aula y la sabiduría de los pueblos que conforman esta bendecida tierra. Una sabiduría cargada de intuiciones, de «olfato», que no se puede obviar a la hora de pensar Chile. Así se producirá esa sinergia tan enriquecedora entre rigor científico e intuición popular. Esta estrecha interacción entre ambos impide el divorcio entre la razón y la acción, entre el pensar y el sentir, entre el conocer y el vivir, entre la profesión y el servicio. El conocimiento siempre debe sentirse al servicio de la vida y confrontarse con ella para poder seguir progresando. De ahí que la comunidad educativa no puede reducirse a aulas y bibliotecas, sino que debe ser desafiada continuamente a la participación".

Consideró indispensable prestar atención a los pueblos originarios con sus tradiciones culturales. "No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios".

"Podríamos decir que la Universidad se vuelve un laboratorio para el futuro del país, ya que logra incorporar en su seno la vida y el caminar del pueblo superando toda lógica antagónica y elitista del saber".

Concluyó el Santo Padre manifestando que la misión de la UC hoy resulta profética. "Ustedes son interpelados para generar procesos que iluminen la cultura actual, proponiendo un renovado humanismo que evite caer en todo tipo de reduccionismo. Y esta profecía que se nos pide, impulsa a buscar espacios recurrentes de diálogo más que de confrontación; espacios de encuentro más que de división; caminos de amistosa discrepancia, porque se difiere con respeto entre personas que caminan en la búsqueda honesta de avanzar en comunidad hacia una renovada convivencia nacional"

- Discurso del Papa Francisco en la UC

Una vez terminada esta actividad, el Papa Francisco retornó hasta la Nunciatura utilizando el papamóvil.

Reacciones

Mons. Cristián Roncagliolo, obispo auxiliar de Santiago, expresó que "el encuentro en la Universidad fue muy sencillo. El Papa dio un discurso sobre el sentido de lo que debe ser una Universidad, de comunidad, de interdisciplinariedad y también el sentido apostólico y de la identidad de una Universidad Católica en una sociedad como la nuestra." Mons. Roncagliolo añadió finalmente que en este encuentro toda la comunidad académica y los invitados, pudieron manifestar el gran cariño que le tienen al Santo Padre.

Mons. Bernardo Bastres, Obispo de Punta Arenas comentó que la visita del Papa Francisco a la Universidad Católica es "un bonito signo de lo que significa una Universidad Pontificia, donde reconocemos que debemos ser fiel al proyecto del magisterio". Añadió que la visita del Papa esta tarde, "es el mejor regalo que podía hacer a la Universidad".

El Padre Tomás Scherz, Vice Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica, señaló que las palabras sencillas y austeras del Papa Francisco tienen gran receptividad en el mundo académico. Las palabras certeras del Santo Padre llegan profundamente a la Universidad, tanto a funcionarios, como alumnos y académicos.

El Vicario de la Educación del Arzobispado de Santiago, Padre Andrés Moro, espera que el Papa "ayude al enorme mundo de la educación, tanto pública como privada, a descubrir que somos siempre una vocación de servicio, sobre todo al servicio de Chile, de los más pobres y excluidos".

Eduardo Arriagada, decano de la Facultad de Comunicaciones de la UC señaló que los discursos del Santo Padre han sido muy explícitos en subir la vara a la sociedad chilena. Y para nuestra Universidad esto significa actuar en consecuencia, en términos de calidad, de inclusión, de diversidad, y también en los grandes temas que el Papa ha puesto; las mujeres privadas de libertad, los pueblos originarios, entre otros espacios, es decir, un compromiso con la periferia. Arriagada añadió que ¨la eficacia con la que ha entrado el mensaje del Papa ha sido de una fuerza muy grande, por la audacia y el riesgo que está tomando, creando un antes y un después, tocando el alma de Chile".

Fuente: Prensa CECh - Comunicaciones #FranciscoenChile

El Papa junto al pueblo mapuche: rechazo a la violencia y a los acuerdos que no llegan a nada

papa temucoEl Santo Padre preside a esta hora la Misa por el progreso de los pueblos en el aeródromo Maquehue, en Temuco.

A las 8:00 horas de este miércoles 17 de enero, el Papa inició su tercer día en Chile abordando el avión que lo condujo a la ciudad de Temuco, en el marco del 22° Viaje Apostólico internacional en que recorre ciudades de Chile y Perú.

Después de haber saludado a 20 miembros de la Comisión organizadora de su Visita a Chile, el Papa abordó un avión modelo Airbus A321 de LATAM con capacidad para 220 pasajeros, aunque solo trasladó a 130 en esta ocasión. Además de Francisco, le acompañaron miembros de la comitiva papal, autoridades de la Iglesia Católica, personal de protocolo del Gobierno, equipos de seguridad de Chile y el Vaticano, soporte técnico y personal de apoyo de Latam.

Por fuera, el avión lleva el escudo del Papa y el hashtag #ElVueloDeFrancisco escrito a un costado de su fuselaje. En su interior cada asiento tiene cabezales y almohadas estampadas con su escudo, entre otras cosas.

A su llegada al aeropuerto "La Araucanía" de Temuco, el Santo Padre fue acogido por Mons. Héctor Vargas Bastidas, S.D.B., obispo de Temuco; Mons. Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, obispo de Villarrica; el Intendente de la Araucanía y los alcaldes de Temuco, Padre de las Casas y Freire. Se hicieron presentes un coro y un grupo de niños.

Luego se trasladó en automóvil hasta el aeródromo de Maquehue. A su llegada, después de haber saludado al Comandante de la Base Aérea y después de un recorrido en papamóvil entre los fieles, el Papa se dispone a presidir la celebración eucarística por el progreso de los pueblos que se realizará en la explanada del aeródromo Maquehue (en mapudungún, lugar de maquis), de la capital de la Región de la Araucanía.

Durante el rito penitencial, comunidades mapuche con sus vestimentas, instrumentos y hierbas propios de su cultura efectuaron una rogativa. También se hicieron presentes con una plegaria en mapudungún en la oración de los fieles.

Homilía del Santo Padre

En su homilía, el Papa comenzó saludando en mapudungún: «Mari, Mari» (Buenos días) «Küme tünngün ta niemün» (La paz esté con ustedes) (Lc 24,36).

Citando el quinto elogio de Gabriela Mistral, dio gracias a Dios por permitirle visitar esta linda parte de nuestro continente, la Araucanía: "Tierra bendecida por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias, sus majestuosos volcanes nevados, sus lagos y ríos llenos de vida. Este paisaje nos eleva a Dios y es fácil ver su mano en cada criatura".
Un especial saludo hizo a los miembros del pueblo Mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua y atacameños, y tantos otros.

"Esta tierra, si la miramos con ojos de turistas, nos dejará extasiados, pero luego seguiremos nuestro rumbo sin más; pero si nos acercamos a su suelo, lo escucharemos cantar: «Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar»", con los conocidos versos de Violeta Parra.

Una mención especial hizo el Pontífice a las graves violaciones de derechos humanos ocurridas en el aeródromo de Maqueue: "Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias". Un momento de silencio coronó este signo.

Comentando el Evangelio proclamado en la eucaristía, en que Jesús ruega al Padre para que «todos sean uno» (Jn 17,21), el Pontífice subrayó que la unidad clamada por Jesús es un don que hay que pedir con insistencia por el bien de nuestra tierra y de sus hijos.

La unidad no es sinónimo de uniformidad

Deteniéndose en las posibles tentaciones contra la unidad, aclaró que "la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizada. La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás. La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o inferiores".

Agregó que la unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos. "Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia; esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad".

Dos formas de violencia

Explicó el Papa que existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. "En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de «bellos» acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, sí —y necesarios—, pero que al no volverse concretos terminan «borrando con el codo, lo escrito con la mano». Esto también es violencia, porque frustra la esperanza".

En segundo lugar -agregó- "es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas".

Finalmente, invitó a buscar el camino de la no violencia activa como un estilo de política para la paz. "Busquemos, y no nos cansemos de buscar el diálogo para la unidad. Por eso decimos con fuerza: Señor, haznos artesanos de unidad".

Mons. Héctor Vargas y la deuda histórica del Estado con el pueblo mapuche

En su saludo antes de la bendición final, el obispo de Temuco, Mons. Héctor Vargas, agradeció la visita del Papa a la Araucanía. "Lo acoge con cariño una tierra rica en pluriculturalidad, de naturaleza pródiga en belleza, recursos y oportunidades, de mujeres y hombres esforzados y emprendedores, de mayoría religiosamente creyente, de muchas posibilidades para creer y luchar, por un futuro de desarrollo humano más digno, integral y sustentable para todos".

Al mismo tiempo, expresó su preocupación por el desempleo en la zona, de persistencia de la pobreza e inequidad, de desintegración familiar, y de serias tensiones políticas, sociales y étnicas. "Esto último dice relación con la situación actual del Pueblo Mapuche y la deuda histórica que el Estado mantiene con él". También se refirió a las víctimas de la violencia rural. "Animados por la fe, nos asiste la convicción que solo mediante el diálogo y la irrenunciable búsqueda de acuerdos, es posible iniciar un camino sin retorno hacia la paz por la justicia, tanto para este noble pueblo, como para el resto de la sociedad local en sus legítimas demandas y anhelos. Gracias a Dios, son muchos quienes desean colaborar".

 

Fuente: Prensa CECh - Comunicaciones #FranciscoenChile

Francisco en santuario del P. Hurtado: oración, sopaipillas con los excluidos y diálogo a puerta cerrada con los jesuitas

papa santuarioEn este lugar de Estación Central el Pontífice se encontró con la Comunidad Jesuita en Chile y con las personas acogidas por el Hogar de Cristo y otras instituciones de promoción humana integral.

El Santuario del Padre Hurtado fue el escenario para la última actividad que sostuvo el Papa en Santiago, este martes 16 de enero. En el lugar se reunió con la Comunidad Jesuita en Chile y compartió con los acogidos del Hogar de Cristo y de otras instituciones sociales de nuestro país.

Francisco llegó al Santuario en la comuna de Estación Central en el papamóvil, tras el encuentro de la Catedral. El recorrido que fue seguido con mucha expectación y gran cantidad de público, se realizó por las calles Catedral, Morandé, Alameda hasta la Avenida Padre Hurtado.

En la ocasión el Papa tuvo el tiempo espacio necesario para visitar la tumba de San Alberto Hurtado, y luego se reunió privadamente con los sacerdotes de la Compañía de Jesús.

Después se trasladó hasta la explanada del santuario, donde se encontraba un grupo de beneficiarios de los programas solidarios de la Iglesia, representantes de trabajadores, estudiantes, adultos mayores, personas en situación de calle y migrantes.

En su saludo, el capellán general del Hogar de Cristo, P. Pablo Walker SJ le manifestó: "Querido Papa Francisco, la mesa está servida y le damos con cariño la bienvenida. Hace años lo invitamos a tomar mate con nosotros y hoy llegó ese día (...) Por lo que sabemos, este encuentro es muy importante para usted".

Citando palabras del Papa en encuentros con movimientos populares, el P. Walker presentó a los distintos invitados, "hermanos que por distintas razones hemos ejercitado esa solidaridad del que ha sufrido algún tipo de pobreza o exclusión".

Posteriormente, la voluntaria Liliana López entregó su testimonio:

"Papa Francisco, usted ha dicho que "La solidaridad supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad".
Para nosotros la solidaridad no sólo es dar algo material a quien más lo necesita, sino que es escuchar y acompañar. Porque, muchas veces, un abrazo es mucho más útil y mucho mejor que dar algo material.

Para nosotros la unión crea comunidad, y esa comunidad unida es capaz de enfrentar cualquier contratiempo que se nos presente.
Si todos nos pensáramos como comunidad sería más fácil vivir. Un ejemplo es lo que hacemos en Puente Alto, desde hace 10 años con un grupo de padres donde nos organizamos para entregar un plato de comida caliente a más de 100 personas que no tienen dónde comer. Es en este lugar donde compartimos y escuchamos al que lo necesita, y de esta forma sabemos lo que le está pasando al otro y solidarizamos con él".

Comer es un milagro

Recordando que en las casas sencillas "comer es un milagro", el capellán solicitó al Papa que bendijera unas sopaipillas preparadas por la Sra. Sonia Castro y su hija Isabel Reinal de la comunidad Jesús Obrero.

El Papa pronunció la oración de bendición: "El Señor bendiga este alimento que estamos compartiendo, que fue hecho por ustedes mismos, bendiga las manos que lo hicieron, las manos que lo reparten y las manos que lo reciben. Bendiga el Señor el corazón de todos nosotros y que este compartir nos enseñe también a compartir el camino, compartir la vida y compartir después el cielo. Amén".

Posteriormente, saludaron al Papa voluntarias del Hogar de Cristo, jóvenes de Valparaíso que buscan regresar al mundo de la educación, personas que buscan reinsertarse en la sociedad más allá de todos los prejuicios, personas con capacidades diferentes, migrantes, personas desempleadas y miembros de comunidades eclesiales de base, adultos mayores y residentes en hospederías, personas que vivieron en situación de calle.

Tras recibir de regalo una Biblia del Pueblo De Dios y bendecir la imagen del Cristo de la Divina Misericordia, todos los asistentes rezaron el PadreNuestro y posteriormente el Pontífice impartió su bendición.

Fraterna reunión con los jesuitas

Al término de la actividad, el superior de la Compañía de Jesús, P. Cristián del Campo SJ, calificó el encuentro privado que el Papa sostuvo con los jesuitas como "una reunión muy fraterna". Relató que hubo preguntas y respuestas, incluido chistes y anécdotas.

Contó que en la oportunidad le regalaron una cruz pectoral que perteneció al padre Hurtado, y una mini-edición de la Historia Domus del año 1960, que es el registro de lo que ocurrió en la Compañía, y donde aparece muchas veces el p. Bergoglio.

Ante reiteradas consultas, Del Campo negó que el tema de los abusos sexuales a menores de edad y la situación del obispo de Osorno haya sido tema en el encuentro.

Francisco nos deja un fuerte llamado

Al revisar su paso por Santiago y el encuentro en el Santuario, Pablo Walker reflexionó: "Así como Caritas, la Compañía de Jesús y todas las organizaciones que trabajamos con los más vulnerables, nos sentimos provocados por las palabras de Francisco. No sabemos lo que tenemos entre manos cuando los más pobres nos confían sus lágrimas y te piden que seas testigo de una dignidad que no se deja cosificar. En ese sentido nos hace un fuerte llamado a la conversión a todas las organizaciones sociales. Nos queda una agenda de conversión pastoral y espiritual, encontrarnos en nuevas mesas técnicas, de políticas públicas, pero con otra actitud hacia nuestro trabajo".

En la explanada del mismo Santuario estaba desplegado el proyecto "Cruces de las Virtudes" desarrollado por la Comisión Visita Papa Francisco, con la colaboración del Canal 13C y el patrocinio de la Fundación Padre Hurtado.

Cada una de las cruces fue pintada por dos artistas: la cruz de la caridad, por Maya de Rodt y Roberto Mamani, boliviano; la Cruz de la Fe, por Jorge Artus y Hernán Valdovinos; y la Cruz de la Esperanza, por Eduardo Rapiman y Gerardo Zenteno. Dichos símbolos visitarán Chile de norte a sur después de ser presentadas al papa Francisco; sus gestores esperan que luego queden como un recuerdo de esta visita papal en cada una de las ciudades por donde él pasó.

La actividad en el lugar tuvo un preámbulo de una animación realizado en el frontis del Santuario, desde las 16:00 horas, con la participación de Américo, Yamna Lobos, Gloria Simonetti, la pastoral haitiana y con la animación de Juan Pablo Queraltó.

Fuente: Prensa CECh - Comunicaciones #FranciscoenChile

Papa Francisco llama a una verdadera renovación de la vida consagrada

papa obisposUna invitación a sacerdotes, diáconos, religiosas, consagrados y seminaristas a "salir del círculo de la desolación que envenena el alma" hizo el Papa Francisco este martes en la Catedral de Santiago.

En su discurso ante el mundo religioso nacional, el Pontífice destacó la importancia que tiene vivir de manera verdadera la vocación de servir a los demás.

Interrumpido muchas veces con aplausos y con una gran participación de los asistentes, se desarrolló en la Catedral de Santiago el encuentro entre el Papa Francisco y los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas.

En la ocasión, el Pontífice hizo una firme defensa de la necesidad de que todos los que han sentido la vocación, refuercen su llamado original, usando incluso una oración del Cardenal Raúl Silva Henríquez para que recuerden cuál es la iglesia en la que deben perseverar.

Publicamos mensaje del Papa Francisco a los sacerdotes, religiosas y consagrados.

Queridos hermanos y hermanas:

Buenas tardes.

Me alegra poder compartir este encuentro con ustedes. Me gustó la manera con la que el
Card. Ezzati los iba presentando: aquí están... las consagradas, los consagrados, los presbíteros, los diáconos permanentes, los seminaristas. Me vino a la memoria el día de nuestra ordenación o consagración cuando, después de la presentación, decíamos: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». En este encuentro queremos decirle al Señor: «aquí estamos» para renovar nuestro sí. Queremos renovar juntos la respuesta al llamado que un día inquietó nuestro corazón.

Y para ello, creo que nos puede ayudar partir del pasaje del Evangelio que escuchamos y compartir tres momentos de Pedro y de la primera comunidad: Pedro/la comunidad abatida, Pedro/la comunidad misericordiada, y Pedro/la comunidad transfigurada. Juego con este binomio Pedro-comunidad ya que la vivencia de los apóstoles siempre tiene este doble aspecto, uno personal y uno comunitario. Van de la mano y no los podemos separar. Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe la selfie vocacional. La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡qué le vamos a hacer!

1. Pedro abatido

Siempre me gustó el estilo de los Evangelios de no decorar ni endulzar los acontecimientos,
ni de pintarlos bonitos. Nos presentan la vida como viene y no como tendría que ser. El Evangelio no tiene miedo de mostrarnos los momentos difíciles, y hasta conflictivos, que pasaron los discípulos.

Recompongamos la escena. Habían matado a Jesús; algunas mujeres decían que estaba vivo (cf. Lc 24,22-24). Si bien habían visto a Jesús Resucitado, el acontecimiento es tan fuerte que los discípulos necesitarán tiempo para comprender lo sucedido. Comprensión que les llegará en Pentecostés, con el envío del Espíritu Santo. La irrupción del Resucitado llevará tiempo para calar en el corazón de los suyos.

Los discípulos vuelven a su tierra. Van a hacer lo que sabían hacer: pescar. No estaban todos, sólo algunos. ¿Divididos, fragmentados? No lo sabemos. Lo que nos dice la Escritura es que los que estaban no pescaron nada. Tienen las redes vacías.

Pero había otro vacío que pesaba inconscientemente sobre ellos: el desconcierto y la turbación por la muerte de su Maestro. Ya no está, fue crucificado. Pero no sólo Él estaba crucificado, sino que ellos también, ya que la muerte de Jesús puso en evidencia un torbellino de conflictos en el corazón de sus amigos. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás huyeron y se escondieron. Solo un puñado de mujeres y el discípulo amado se quedaron. El resto, se marchó. En cuestión de días todo se vino abajo. Son las horas del desconcierto y la turbación en la vida del discípulo. En los momentos «en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Existen varias tentaciones propias de este tiempo: discutir ideas, no darle la debida atención al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores... y creo que la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación».[1] Sí, quedarse rumiando la desolación. Eso es lo que le pasó a los discípulos.

Como nos decía el Card. Ezzati, «la vida presbiteral y consagrada en Chile ha atravesado y atraviesa horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes. Junto a la fidelidad de la inmensa mayoría, ha crecido también la cizaña del mal y su secuela de escándalo y deserción».
Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuanto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo.

Me gustaría añadir además otro aspecto importante. Nuestras sociedades están cambiando. El Chile de hoy es muy distinto al que conocí en tiempo de mi juventud, cuando me formaba. Están naciendo nuevas y diversas formas culturales que no se ajustan a los márgenes conocidos. Y tenemos que reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas circunstancias. A menudo soñamos con las «cebollas de Egipto» y nos olvidamos que la tierra prometida está delante. Que la promesa es de ayer, pero para mañana. Y podemos caer en la tentación de recluirnos y aislarnos para defender nuestros planteos que terminan siendo no más que buenos monólogos. Podemos tener la tentación de pensar que todo está mal, y en lugar de profesar una «buena nueva», lo único que profesamos es apatía y desilusión. Así cerramos los ojos ante los desafíos pastorales creyendo que el Espíritu no tendría nada que decir. Así nos olvidamos que el Evangelio es un camino de conversión, pero no sólo de «los otros», sino también de nosotros.

Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta. La realidad personal, comunitaria y social. Las redes —dicen los discípulos— están vacías, y podemos comprender los sentimientos que esto genera. Vuelven a casa sin grandes aventuras que contar, vuelven a casa con las manos vacías, vuelven a casa abatidos.

¿Qué quedó de esos discípulos fuertes, animados, airosos, que se sentían elegidos y que habían dejado todo para seguir a Jesús? (cf. Mc 1,16-20); ¿qué quedó de esos discípulos seguros de sí, que irían a prisión y hasta darían la vida por su Maestro (cf. Lc 22,33), que para defenderlo querían mandar fuego sobre la tierra (cf. Lc 9,54), por el que desenvainarían la espada y darían batalla? (cf. Lc 22,49-51); ¿qué quedó del Pedro que increpaba a su Maestro acerca de cómo tendría que llevar adelante su vida? (cf. Mc 8,31-33).

2. Pedro misericordiado

Es la hora de la verdad en la vida de la primera comunidad. Es la hora en la que Pedro se
confrontó con parte de sí mismo. Con la parte de su verdad que muchas veces no quería ver. Hizo experiencia de su limitación, de su fragilidad, de su ser pecador. Pedro el temperamental, el jefe impulsivo y salvador, con una buena dosis de autosuficiencia y exceso de confianza en sí mismo y en sus posibilidades, tuvo que someterse a su debilidad y pecado. Él era tan pecador como los otros, era tan necesitado como los otros, era tan frágil como los otros. Pedro falló a quien juró cuidar. Hora crucial en la vida de Pedro.

Como discípulos, como Iglesia, nos puede pasar lo mismo: hay momentos en los que nos confrontamos no con nuestras glorias, sino con nuestra debilidad. Horas cruciales en la vida de los discípulos, pero en esa hora es también donde nace el apóstol. Dejemos que el texto nos lleve de la mano.

«Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» (Jn 21,15).

Después de comer, Jesús invita a Pedro a dar un paseo y la única palabra es una pregunta, una pregunta de amor: ¿Me amas? Jesús no va al reproche ni a la condena. Lo único que quiere hacer es salvar a Pedro. Lo quiere salvar del peligro de quedarse encerrado en su pecado, de que quede «masticando» la desolación fruto de su limitación; del peligro de claudicar, por sus limitaciones, de todo lo bueno que había vivido con Jesús. Jesús lo quiere salvar del encierro y del aislamiento. Lo quiere salvar de esa actitud destructiva que es victimizarse o, al contrario, caer en un «da todo lo mismo» y que al final termina aguando cualquier compromiso en el más perjudicial relativismo. Quiere liberarlo de tomar a quien se le opone como si fuese un enemigo, o no aceptar con serenidad las contradicciones o las críticas. Quiere liberarlo de la tristeza y especialmente del mal humor. Con esa pregunta, Jesús invita a Pedro a que escuche su corazón y aprenda a discernir. Ya que «no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas. Jesús quiere evitar que Pedro se vuelva un veraz destructor o un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado»,[2] como nos puede pasar en estas situaciones.

Jesús interrogó a Pedro sobre su amor e insistió en él hasta que este pudo darle una respuesta realista: «Sí, Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Así Jesús lo confirma en la misión. Así lo vuelve definitivamente su apóstol.

¿Qué es lo que fortalece a Pedro como apóstol? ¿Qué nos mantiene a nosotros apóstoles? Una sola cosa: «Fuimos tratados con misericordia» (1 Tm 1,12-16). «En medio de nuestros pecados, límites, miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. Cada uno de nosotros podría hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia».[3] No estamos aquí porque seamos mejores que otros. No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los «mortales». Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría. Somos consagrados, pastores al estilo de Jesús herido, muerto y resucitado. El consagrado es quien encuentra en sus heridas los signos de la Resurrección. Es quien puede ver en las heridas del mundo la fuerza de la Resurrección. Es quien, al estilo de Jesús, no va a encontrar a sus hermanos con el reproche y la condena.

Jesucristo no se presenta a los suyos sin llagas; precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular o esconder nuestras llagas. Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene nombre: Jesucristo.
La conciencia de tener llagas nos libera; sí, nos libera de volvernos autorreferenciales, de creernos superiores. Nos libera de esa tendencia «prometeica de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado».[4]

En Jesús, nuestras llagas son resucitadas. Nos hacen solidarios; nos ayudan a derribar los muros que nos encierran en una actitud elitista para estimularnos a tender puentes e ir a encontrarnos con tantos sedientos del mismo amor misericordioso que sólo Cristo nos puede brindar. «¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados! Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es sudor de nuestra frente».[5] Veo con cierta preocupación que existen comunidades que viven arrastradas más por la desesperación de estar en cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrarse, que por remangarse y salir a tocar la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel.

Qué cuestionadora reflexión la de ese santo chileno que advertía: «Serán, pues, métodos falsos todos lo que sean impuestos por uniformidad; todos los que pretendan dirigirnos a Dios haciéndonos olvidar de nuestros hermanos; todos los que nos hagan cerrar los ojos sobre el universo, en lugar de enseñarnos a abrirlos para elevar todo al Creador de todo ser; todos los que nos hagan egoístas y nos replieguen sobre nosotros mismos».[6]

El Pueblo de Dios no espera ni necesita de nosotros superhéroes, espera pastores, hombres y mujeres consagrados, que sepan de compasión, que sepan tender una mano, que sepan detenerse ante el caído y, al igual que Jesús, ayuden a salir de ese círculo de «masticar» la desolación que envenena el alma.

3. Pedro transfigurado

Jesús invita a Pedro a discernir y así comienzan a cobrar fuerza muchos acontecimientos de
la vida de Pedro, como el gesto profético del lavatorio de los pies. Pedro, el que se resistía a dejarse lavar los pies, comenzaba a comprender que la verdadera grandeza pasa por hacerse pequeño y servidor.[7]

¡Qué pedagogía la de nuestro Señor! Del gesto profético de Jesús a la Iglesia profética que, lavada de su pecado, no tiene miedo de salir a servir a una humanidad herida.

Pedro experimentó en su carne la herida no sólo del pecado, sino de sus propios límites y flaquezas. Pero descubrió en Jesús que sus heridas pueden ser camino de Resurrección. Conocer a Pedro abatido para conocer a Pedro transfigurado es la invitación a pasar de ser una Iglesia de abatidos desolados a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado. Una Iglesia capaz de ponerse al servicio de su Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, en el enfermo... (cf. Mt 25,35). Un servicio que no se identifica con asistencialismo o paternalismo, sino con conversión de corazón. El problema no está en darle de comer al pobre, vestir al desnudo, acompañar al enfermo, sino en considerar que el pobre, el desnudo, el enfermo, el preso, el desalojado tienen la dignidad para sentarse en nuestras mesas, de sentirse «en casa» entre nosotros, de sentirse familia. Ese es el signo de que el Reino de los Cielos está entre nosotros. Es el signo de una Iglesia que fue herida por su pecado, misericordiada por su Señor, y convertida en profética por vocación.

Renovar la profecía es renovar nuestro compromiso de no esperar un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal para vivir o para evangelizar, sino crear las condiciones para que cada persona abatida pueda encontrarse con Jesús. No se aman las situaciones ni las comunidades ideales, se aman las personas.

El reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites, lejos de alejarnos de nuestro Señor nos permite volver a Jesús sabiendo que «Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece... Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual»[8]. Qué bien nos hace a todos dejar que Jesús nos renueve el corazón.

Cuando comenzaba este encuentro, les decía que veníamos a renovar nuestro sí, con ganas, con pasión. Queremos renovar nuestro sí, pero realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús. Los invito a que cuando vuelvan a casa armen en su corazón una especie de testamento espiritual, al estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Esa hermosa oración que comienza diciendo:
«La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días... la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días...
Jesucristo, el Evangelio, el pan, la eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días».
¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús?
Gracias por este encuentro, gracias por la oportunidad de renovar el «sí» con ustedes. Que la Virgen del Carmen los cubra con su manto.
Por favor, no se olviden de rezar por mí.

Fuente: Prensa CECh - Comunicaciones #FranciscoenChile

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