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“Mantener vivo el recuerdo del Beato Juan Pablo II”

capilla2Señaló Mons. Ivo Scapolo, Nuncio Apostólico en Chile durante la ceremonia de bendición de la primera capilla que se consagra al Beato Juan Pablo II en Chile y está ubicada en la Diócesis de San Bernardo.

 

La solemne ceremonia de dedicación del templo, ubicado en el sector de Colonia Kennedy en la localidad de Hospital, se celebró este 22 de octubre, día en el cual se conmemora en todo el mundo la fiesta del Beato Juan Pablo II. Esta capilla se pudo consagrar al Beato gracias a un permiso especial solicitado por Mons. Juan Ignacio González al Santo Padre en Roma.

 

Los fieles se reunieron en horas de la tarde en las afueras del templo para participar de la Misa de Dedicación y Bendición de la nueva construcción. Los vecinos del lugar estaban  muy emocionados, pues durante muchos años contaron con una pequeña capilla de madera, lo que ahora se transformó en una hermosa y sólida construcción.

 

En su homilía Mons. Ivo Scapolo señaló que  se debe “Mantener vivo el recuerdo del Beato Juan Pablo II… Deben ser conocedores de su magisterio para un enriquecimiento espiritual, moral y renovar nuestro compromiso de comunión al Santo Padre, nuestra cercanía y cariño”.

 

Además destacó que “Hay que vivir con especial devoción este Año de la Fe. Que ésta nueva capilla sea un lugar especial de encuentro personal con Jesús”.

 

En silencio y con mucho respeto por parte de los numerosos asistentes, se desarrolló el Rito Bendición, que comenzó con la oración de Dedicación, el altar fue ungido con el Santo Crisma, al igual que los muros del nuevo templo.

 

Una vez incensado el tabernáculo, los fieles y los muros de la iglesia, se dio paso a la celebración de la Eucarística presidida por el representante del Santo Padre en Chile y concelebrada por Monseñor Juan Ignacio González y el Padre Clobert Suazo, del Oratorio Mariano y párroco del lugar.

 

Al finalizar la ceremonia, el Obispo de San Bernardo hizo un significativo e importante presente a la comunidad parroquial, que consistió en una Cruz Pectoral obsequiada por el Papa Juan Pablo II en una visita, en la que se reunió con el Pontífice en Roma. Los asistentes  agradecieron emocionados y con aplausos este generoso presente del Obispo diocesano.

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Cristiada: una película que no se puede dejar de ver

cine1En el marco de la celebración del  Año de la Fe, Mons. Juan Ignacio, sacerdotes, religiosas seminaristas,  trabajadores de la Curia y algunos fieles de la Diócesis de San Bernardo,asistieron a una función especial de la película Cristiada.

 

La cinta, dirigida por Dean Wright y escrita por Michael James Love, está basada en el hecho histórico de la Guerra Cristera, una rebelión que surgió de la persecución del Gobierno a los Católicos en la década de 1920 en México. Narra así el levantamiento del pueblo mexicano contra las políticas del Gobierno de Calles (Guerra Cristera, de 1926 a 1929).

 

Gracias a una invitación hecha por Cristina Littin, la tarde del jueves 18 de octubre, la sala  CineMundo del Mall Plaza Sur se repletó de asistentes, entre ellos muchos jóvenes, quienes conocieron este acontecimiento histórico llevado magníficamente a la pantalla grande.

 

cine11La productora Dos Corazones Films, a cargo de la producción "CRISTIADA", cuenta con las actuaciones de Andy García, Santiago Cabrera, Eva Longoria, Peter O’Toole, Rubén Blades, Óscar Isaac, Catalina Sandino Moreno, Daniel Giménez Cacho, Karyme Lozano, Ignacio Guadalupe y Moisés Suárez.

 

Los asistentes se emocionaron y a la vez sorprendieron por el realismo de las escenas, que han marcaron la historia de la Iglesia en México, a su vez impactaron por la confesión de fe hasta el derramamiento de la sangre, especialmente de los mártires más jóvenes o niños.

 

Al final de la película y espontáneamente, todos los espectadores en la sala se unieron al grito de ¡Viva Cristo Rey!

 

Monseñor Juan Ignacio, quien fue el encargado de presentar la película invita, a todos los fieles para que puedan disponer de un tiempo y asistir a ver este hecho histórico que nos ayuda a confirmar nuestra fe.

 

La Película Cristiada se estrenó el 25 de octubre en los cines de Chile.

 

">Ver Trailer

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“La fe es un don sobrenatural entregada por Dios a todos nosotros”

fe1Señaló Mons. Juan Ignacio en la Eucaristía con la cual la Diócesis de San Bernardo se unió al Santo Padre en la apertura del Año de la Fe.


La ceremonia litúrgica se celebró, este mediodía del 11 de octubre, en la Catedral de San Bernardo, día en el cual la Iglesia universal dio inicio a este año dedicado a la fe.


En su homilía el Sr. Obispo señaló que “Debemos unirnos con fervor al Santo Padre, ya que él quiere que reavivemos aquellos que nos sostiene,  que es la fe”.

Por lo tanto “Se debe conocer el contenido de la fe ante la ignorancia de la fe, por lo cual el Catecismo de la Iglesia Católica constituye el camino por el cual los católicos debemos repasar las verdades fundamentales”.

           

Destacó que en la Diócesis se está elaborando una edición del Catecismo, que servirá de herramienta para todos los agentes pastorales.

 

Además enfatizó que “La fe es un don sobrenatural entregada por Dios a todos nosotros y que este Año de la Fe, es un tiempo de gracia, de  nueva evangelización que reavivará la fe en aquellos que se alejaron y viven como si el Señor no existiera. Se debe llegar a muchas personas para entregar las enseñanzas de Jesucristo y su verdad”.

Una vez concluida la prédica todos los fieles presentes rezaron junto al Prelado de San Bernardo el  Credo Nicenoconstantinopolitano.

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El Papa Inaugura el Año de la Fe

inauguracion3”Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe”. Estas fueron las palabras de Benedicto XVI durante la Santa Misa celebrada en la Plaza de San Pedro.

Concelebraron con el Papa los cardenales, patriarcas, y arzobispos mayores de las Iglesias Orientales Católicas, los obispos Padres sinodales, los presidentes delas conferencias episcopales de todo el mundo y algunos obispos que participaron en calidad de Padres en los trabajos del Vaticano II. También estuvieron presentes en la celebración eucarística el patriarca ecuménico Bartolomé I de Constantinopla y el arzobispo de Canterbury y primado de la Comunión Anglicana Rowan Williams.
 
Para rememorar el Concilio -dijo el Santo Padre- esta celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia”.
 
Siguen extractos de la homilía pronunciada por Benedicto XVI:
 
El Año de la fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un 'Año de la fe' en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo”.
 
El evangelio de hoy nos dice que Jesucristo, consagrado por el Padre en el Espíritu Santo, es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización (...) Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual. La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza”.
 
El Concilio Vaticano II no ha querido incluir el tema de la fe en un documento específico. Y, sin embargo, estuvo completamente animado por la conciencia y el deseo, por así decir, de adentrase nuevamente en el misterio cristiano, para proponerlo de nuevo eficazmente al hombre contemporáneo (...)El beato Juan XXIII (...) en el discurso de apertura, presentó el fin principal del Concilio en estos términos: 'El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz…Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo”.
 
inauguracion2A la luz de estas palabras, se comprende lo que yo mismo tuve entonces ocasión de experimentar: durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante (...) es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo. Pero, con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión (...) he insistido repetidamente en la necesidad de regresar, por así decirlo, a la 'letra' del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar también en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos”.
 
El Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Más bien, se ha preocupado para que dicha fe siga viviéndose hoy, para que continúe siendo una fe viva en un mundo en transformación. (...) Los Padres conciliares querían volver a presentar la fe de modo eficaz; y sí se abrieron con confianza al diálogo con el mundo moderno era porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban. En cambio, en los años sucesivos, muchos aceptaron sin discernimiento la mentalidad dominante, poniendo en discusión las bases mismas del depositum fidei, que desgraciadamente ya no sentían como propias en su verdad”.
 
Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años. (...). También la iniciativa de crear un Consejo Pontificio destinado a la promoción de la nueva evangelización (...),se inserta en esta perspectiva. En estos decenios ha aumentado la 'desertificación' espiritual. Si ya en tiempos del Concilio se podía saber, por algunas trágicas páginas de la historia, lo que podía significar una vida, un mundo sin Dios, ahora lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor (...)Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto (...) es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros”.
 
En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino”.
 
El viaje es metáfora de la vida, y el viajero sabio es aquel que ha aprendido el arte de vivir y lo comparte con los hermanos, como sucede con los peregrinos a lo largo del Camino de Santiago, o en otros caminos, que no por casualidad se han multiplicado en estos años. ¿Por qué tantas personas sienten hoy la necesidad de hacer estos caminos? ¿No es quizás porque en ellos encuentran, o al menos intuyen, el sentido de nuestro estar en el mundo? Así podemos representar este Año de la fe: como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: (...)el evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años”.
 
El 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios. Le confiamos a ella el Año de la fe, como lo hice hace una semana, peregrinando a Loreto. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización”.
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Mensaje de Mons. Juan Ignacio en este Año de la Fe

1En el marco de la celebración del Año de la fe que ha convocado el Santo Padre, el Obispo de la Diócesis de San Bernardo envía un mensaje para vivir este tiempo de gracia.










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