Publicamos la Columna de Monseñor Juan Ignacio González y publicada en la edición de este domingo 30 de marzo del Diario El Mercurio y en la cual el hace referencia a la apertura del comercio el próximo Viernes Santo.
Lo esencial de una controversia. El Mercurio, 30 marzo
La polémica sobre la decisión de algunas grandes tiendas de abrir el Viernes Santo nos lleva a temas profundos. No se resuelve solamente invocando leyes, derechos adquiridos o alegando la renunciabilidad legal. Menos esgrimiendo la separación de la Iglesia y el Estado. El punto esencial es cómo el orden social que nos hemos dado, las leyes y normas por las que nos regimos, se aproximan, promueven o respetan un elemento social fundamental de la vida comunitaria, porque el factor religioso, de cualquier naturaleza, es un elemento constitutivo de la sociedad y debe ser adecuadamente ponderado.
Dicho de otra manera, el bien común, es decir, aquella adecuada relación acerca de los diversos factores sociales que integran la cultura, deben ser asumidos por la sociedad civil. La espiritualidad, las convicciones religiosas y sus correspondientes expresiones en las diversas confesiones no están a la suerte de que una sociedad sea sociológicamente más o menos secularizada. Estas realidades forman parte de nuestra idiosincrasia, modelan y regulan nuestras relaciones con la divinidad y con los demás miembros de la sociedad.
Por esta razón en la mayoría de las naciones occidentales existe legislación civil que regula y ordena este aspecto fundamental de la sociedad. En Chile, todas las constituciones lo han hecho, y durante los dos procesos constitucionales recientes este aspecto tuvo una gran relevancia. Todas las confesiones religiosas actuaron juntas para que se preservaran las libertades que nacen de las convicciones espirituales.
Una derivación de esa consideración a los valores espirituales, en el caso de una nación de raigambre cristiana como Chile, es precisamente el respeto por las fiestas religiosas. Varias de ellas son feriados. Pero en el centro de todas, está precisamente la celebración de la Semana Santa, que nos recuerda —el mismo y exacto día en que ocurrió hace dos mil años— la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo que, para las personas de fe, constituye el sacrificio del Dios encarnado por toda la humanidad y por su salvación. Por ello hemos revestido, a lo largo de la historia, de particular recogimiento el Viernes Santo, que nos recuerda ese acontecimiento central de la fe cristiana.
Tenemos constancia desde siempre de que ese día ha sido feriado. En la sensibilidad del pueblo cristiano ese tiempo meditativo se expresa con la lectura del relato de la pasión, en grandes o pequeñas celebraciones, como las que tienen lugar en los templos o en una pequeña comunidad, quizá apartada y solitaria, donde la fe vive sus grandes fiestas.
Por estas razones, el sentido común y el religioso miran con distancia y extrañeza que por una motivación de orden económico se abran al comercio las tiendas o los lugares de diversión u otras actividades, que de alguna manera rompen el misterio y quitan, a la religiosidad de un pueblo, un elemento social y espiritual de amplia relevancia para el bien común.
Monseñor Juan Ignacio González E.
Obispo de San Bernardo
Fuente: Diario El Mercurio – Domingo 30 de marzo 2025